Actualizado el 07/10/2023
Se dice que un hombre que era nuevo en el pueblo, encontrĂł a la entrada de este a un hombre anciano sentado en una banca. Se le acercĂł y le preguntĂł: âdisculpe, Âżme podrĂa decir cĂłmo es la gente de este pueblo?â. y el anciano le preguntĂł: âÂżcĂłmo era la gente del pueblo del que viene?â. y el hombre le contestĂł: âla gente era envidiosa y malhumorada, es por eso que quiero mudarme aquĂâ.. El anciano le respondiĂł entonces: âpues este pueblo es igual, la gente es muy envidiosa y nada amableâ. A lo que el hombre dijo: âentonces me voy, no quiero vivir en un lugar asĂâ.
Poco despuĂ©s, se le acercĂł otro viajero al anciano y le preguntĂł lo mismo. El anciano le hizo la misma pregunta tambiĂ©n: âÂżCĂłmo era la gente del pueblo del que viene?â. y el viajero le respondiĂł: âla gente era maravillosa, amable, sincera, es mĂĄs, siento pena de haberlos dejadoâ. Entonces el anciano respondiĂł: âpues aquĂ la gente es igual, son buenos amigos y siempre estĂĄn para ayudar a los demĂĄsâ.
Un vecino que habĂa escuchado todo, le pregunto despuĂ©s al anciano porque habĂa dado dos respuestas diferentes a una misma pregunta. El anciano le dijo. âquiĂ©n solo ve cosas malas en los demĂĄs, encontrarĂĄ solo cosa malas a su paso. En cambio quien sabe ver las virtudes de los demĂĄs, encontrarĂĄ cosas buenas en su caminoâ.
Este relato explica cómo el mundo personal en el que vivimos, que es un mundo creado por nosotros, no es el mundo real. Es el mundo creado por nuestras aspiraciones, sueños, miedos, prejuicios, ideas, convicciones, etc. Todo lo que vemos pasar a través de nuestro recuerdos, de nuestras experiencias, de nuestros traumas, etc. y a través de ellos vemos a todo y a todos.
Todo lo que vemos en los demĂĄs, es un reflejo de nosotros mismos. Todo lo que nos gusta de los otros, es algo que tenemos o que queremos llegar a tener. Todo lo que no nos gusta de los otros es algo que no nos gusta de nosotros mismos y aunque parezca absurdo, asĂ es con frecuencia.
Una mujer habĂa guardado en su alacena un caja llena de chocolates. Cuando quiso comer uno, se dio cuenta de que la caja estaba vacĂa y revisando por toda la casa, descubriĂł que los chocolates se encontraban en la bolsa de su empleada.
La mujer sacĂł los chocolates, los puso nuevamente en su caja y no dijo nada. Luego la empleada se le acercĂł y le dijo que querĂa renunciar. Cuando ella le preguntĂł por quĂ©, la empleada respondiĂł: âno me gusta trabajar con ladronesâ.
Este cuento demuestra que lo que despreciamos en otros, lo tenemos que cambiar en nosotros mismos. Aunque no nos demos cuenta, eso que condenamos en otros, son nuestros propios defectos. Los otros son un reflejo de nosotros mismos. El mundo en el que vivimos nos refleja.
ÂżPor quĂ© a algunos les gusta un determinado color y a otros les desagrada? Todos tenemos gustos diferentes, miedos diferentes, sueños diferentes y segĂșn ellos, vemos el mundo y a los demĂĄs.
Es necesario comprender que una cosa es el mundo real y otra nuestra manera de ver las cosas, nuestra perspectiva. Si el mundo en el que vives no te gusta, cambia tu interior, cambia tu forma de pensar y de ver las cosas, entonces el mundo exterior también lo harå y serå mejor.
Imagenes cortesia de «Sira Anamwong»/ FreeDigitalPhotos.net
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